sábado, 14 de mayo de 2011

El deseo




















Foto : © Carlos Ríos

Zoé había pasado la tarde en la pradera, acurrucada en mis rizos de música.
Solíamos acostarnos boca arriba en la hierba verde y dejabamos que las nubes nos mecieran con historias que solamente nosotras podíamos entender, como un lenguaje secreto hecho con alas de papel.
El murmullo del viento acidulado movía cada historia, les iba dando vida a medida que las empujaba lentamente hacia su final de confetis.
Con ternura, la tomé de la mano y le enseñé un lugar en el cielo, de un color indeciso, que se pintaba con su primera estrella y le pregunté:
-
¿Escuchas?- No, respondió Zoé con una sonrisa inquisidora.
- Un deseo.
-
¿Tengo que pedir un deseo, mamá?- No mi estrellita de mar. Ella lo está pidiendo para ti, bordando en tu corazón la luz para que nunca dejes de soñar.- Y, mamá, ¿le podemos pedir que también borde esa luz en tu corazón y el de papá?- Claro que sí mi amor, respondí tomándola amorosamente en mis brazos.
El sol estaba a punto caer en el mar. Ya era tiempo de regresar a la casa, volteamos y vimos la luna más bella, más grande, que alguna vez habíamos visto y nos quedamos un instante contemplando esa hermosa bola brillante.
- Vámonos mi estrellita de mar, papá nos espera, dije poniéndole su abrigo mientras le regalaba el milésimo beso del día.
Nos subimos a la bici y pedaleamos hacia la luna.

2 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

Peladear camino de la luna... me apunto.

saludos!

Shanok dijo...

simplemente hermoso...